ediciones artesanales

    Nota del editor: U n p o e t a


    Un poeta al escribir lo hace en vía, con suerte hacia otro poeta. Lo hace con naturalidad, cosa que nada tiene que ver con la calidez y la calidad. La naturaleza es justamente excesiva. Podemos caer en la idea de lanzar una botella al mar; pero preferible la idea de lanzar una piedra. Una presunta inocente piedra que se hunde en profundidades y eternidades hasta dar (toparse) con el paso de un distraído, atento poeta.

    El proceso de selección de los textos fue práctico y caótico, o sencillamente caprichoso. De la lectura de las poesías completas de Pizarnik, ir marcando con lápiz, confiando en esa primera lectura, en esa primera intención. Confiando en que quedaron escritos preciosos afuera de este libro, escritos que descubrirá otra persona cuando haga su propia selección, con sus propias intuiciones, en su casa propia o prestada, en su propio patio, en su propio clima, en su propio ómnibus de larga distancia, en su propia llanura, con su propia infusión, en su propio río, con su propio silencio.

    Prometer y prohibir parten de los mismo. Ponen delante el objeto. Son acusaciones, palabrerío, tickets que olvidaremos en bolsillos y perderán contexto y color, valor.

    Intenté hacerlo como le hubiese gustado a Alejandra. Le recé a Alejandra mientras lo hacía, a rezar me refiero que le conversé, y le aplaudí rulos geniales de sus poemas. Rulos a los que se arriban con lágrimas y fastidio, con esa templanza. Rulos que se aprenden inhalando y se retribuyen exhalando.

    Por momentos la tuve sentada acá, al lado mío.


    Una cosa más, no existe tal cosa de poeta maldito. Maldito es el poder, su pulsión, y su cuerpo de filos.


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    Nota del editor: U n p o e t a


    Un poeta al escribir lo hace en vía, con suerte hacia otro poeta. Lo hace con naturalidad, cosa que nada tiene que ver con la calidez y la calidad. La naturaleza es justamente excesiva. Podemos caer en la idea de lanzar una botella al mar; pero preferible la idea de lanzar una piedra. Una presunta inocente piedra que se hunde en profundidades y eternidades hasta dar (toparse) con el paso de un distraído, atento poeta.

    El proceso de selección de los textos fue práctico y caótico, o sencillamente caprichoso. De la lectura de las poesías completas de Pizarnik, ir marcando con lápiz, confiando en esa primera lectura, en esa primera intención. Confiando en que quedaron escritos preciosos afuera de este libro, escritos que descubrirá otra persona cuando haga su propia selección, con sus propias intuiciones, en su casa propia o prestada, en su propio patio, en su propio clima, en su propio ómnibus de larga distancia, en su propia llanura, con su propia infusión, en su propio río, con su propio silencio.

    Prometer y prohibir parten de los mismo. Ponen delante el objeto. Son acusaciones, palabrerío, tickets que olvidaremos en bolsillos y perderán contexto y color, valor.

    Intenté hacerlo como le hubiese gustado a Alejandra. Le recé a Alejandra mientras lo hacía, a rezar me refiero que le conversé, y le aplaudí rulos geniales de sus poemas. Rulos a los que se arriban con lágrimas y fastidio, con esa templanza. Rulos que se aprenden inhalando y se retribuyen exhalando.

    Por momentos la tuve sentada acá, al lado mío.


    Una cosa más, no existe tal cosa de poeta maldito. Maldito es el poder, su pulsión, y su cuerpo de filos.


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